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sábado, 19 de julio de 2008

ÁGREDA

ÁGREDA

Rafael del Barco Carreras

Julio 2008. Juntar dos huevos fritos con chorizo y mis trascendencias sobre crisis, corrupción y cárceles, no cuadra. Y menos después de un largo paseo por los Huertos Árabes, partiendo del camino entre el Santuario de la Venerable y el cementerio, pasando ante la Puerta Califal y los restos de la fortaleza mora, hasta topar con la recién inaugurada depuradora. El río Queiles, más bien una canalizada acequia que cíclicamente arrasaba el pueblo y comarca, lo había paseado por los 80, y quizá le debo con las excursiones a pie a Vozmediano, la Aldehuela, Olvega o la decrépita estructura del Sanatorio del Moncayo, parte de mi recuperación de los tres años de cárcel.

Pero el pasado se emperra en aparecer. Un anciano, todos por los huertos lo son, concediendo a mis 68 años una envidiada juventud, tras confundir viejas familias del lugar, me contó que su padre en los 40 pasó un año en la cárcel de Torrero por unos sacos de grano vendidos de estraperlo. Aquel año y un “se lo quitaron todo” quitaba hierro a lo mío, como también vivirían poco y mal los picapedreros que construyeron los tan impactantes torreones de las murallas, o el sólido Palacio de los Castejones, rehabilitado por y para la Diputación de Soria.

Una gozada tropezar con dos mozos de 85 años, azada en mano, cosechando acelgas y cardos. Pero no me zafé de sus penas y la crisis con el abono y gasoil en plena escalada de precios y la imposibilidad de nuevas generaciones cultivando los huertos tan bien trazados y regados desde los invasores árabes.

Negándome al pesimismo, aquello es demasiado hermoso para imaginarlo tragado por la globalización y el abandono, me dije que aun se puede huir del mundanal ruido… forzando la imaginación, por unos días… y pegado a Internet.